Más allá del invierno,

 donde ya no reposan las aves migratorias,

 más allá del exilio de las aves

 más allá de las aves y de su disciplina

 -el acto de volar-

 una desnuda esencia se nos abre

 sin alma y corazón,

 más allá de esta especie y atributo.

 Un camino de nieve la desgarra.

 Es la separación que la naturaleza

 ha interpuesto entre ella y cuanto existe:

 un nombre blanco y gélido.

 Palabra anacarada que duele como vértebra

 de todo el universo,

 vaho del tiempo y la nada,

 bruma eterna.

 Mas en ella hay amor configurado

 y una pasión antigua

 que todo lo hace nuevo y lo renace.

 Hay también una sombra que divide

 la lengua de los hombres

 en cenizas y en ascuas.

 Pero el espacio que ella ocupa

 es el principio de otro idioma 

que desde aquellos fríos

 nos quema e ilumina

 más allá del invierno,

 más allá de los símbolos y el mar.

  .

 

JOSE RAMON RIPOLL

 

.

 

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