La mirada apaga el paseo,
tan distantes
el viento fresco del río,
el olor de las flores diminutas,
una por una desvaídas.
No hay nada quieto entre tanta quietud.

Deudora de tantas apuestas
la belleza es frágil en este atardecer.

...

A través de los años, el color
de manera cambiante
se define; se buscan sus misterios
y leyes, sus medidas, sus demoras
y en parte sus fracasos.
Variables son los ojos que lo miran,
las gradación de veladuras, nombres,
distancias. Tensa es la actitud, es frágil
el juicio del que ansía lo real,
de quien se atreve incluso
a inventar, como en sueños, las respuestas.

...

No se inquieta el color con la mirada;
permanece encerrado y manifiesto
en su retiro, en su despliegue mudo,
en su latencia de burbuja igual.
Y la mirada permanece fija
sobre su superficie resbalando,
sin el conocimiento
de la caricia, en un abismo liso
de inasibles paredes.

...

A través de los años, el color
puede ser la fijeza
que es sostén de la nada, o territorio
aluvial, desmemoria
de origen. Y los ojos que lo miran
siguen siendo variables, o quizá
no es posible saber
si son los mismos ojos, o un proceso
de erosiones, de arrastres, de sonámbulas
aguas de espejo, a través de los años.

...

La rama en el ojo,
como en el árbol, desnuda,
que el viento bambolea.
Sube y baja con el viento,
azota, misteriosamente
se la ve desde un sótano,
al pie de una escalera.

...

En las mañanas de poca luz
la rama, sin contraste, queda
como sombra, ahí abajo,
obligando a levantar los ojos,
buscar en alguna parte negada
la nitidez del color.

 

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MIGUEL CASADO

 

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GARCIA FONS PIERRE,

Oeuvre Pierre Garcia Fons