dimanche 6 septembre 2009
ECOUTE AU COQUILLAGE...(en espagnol)
Yo no había comenzado a verte tú eras ALBA
Nada había sido revelado
Todas las barcas se mecían en la ribera
Desatando los favores (sabes) de esas cajas de confites
Rosas y blancas entre las que deambula una naveta de plata
Y yo te llamé Alba temblando
Diez años después
Te encuentro en la flor tropical
Que se abre a medianoche
Un solo cristal de nieve que desbordaría la copa de tus dos manos
En la Martinica le llaman la flor del baile
Ella y tú compartís el mismo misterio de la existencia
La primera semilla de rocío anticipándose con mucho a
todas las demás locamente irisada conteniéndolo todo
Veo lo que permanece oculto para siempre
Cuando duermes en el calvero de tu brazo bajo
las mariposas de tus cabellos
Y cuando renaces del fénix de tu origen
En la menta de la memoria
Del muaré enigmático de la semejanza en un espejo sin
fondo
Quitando el alfiler de lo que sólo una vez se verá
En mi corazón todas las alas del milkweed
Fletan lo que me dices
Llevas un traje de verano que tú no conocías
Casi inmaterial está constelado en todos los sentidos de
imanes en herradura de un hermoso minio rojo con pies
azules
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ANDRE BRETON
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Photographie Anne Geddes
samedi 1 août 2009
UNA PEQUEÑA FLOR SILVESTRE
Al salir del despacho, erraba entre la multitud que la ciudad vomita diariamente en estas horas de migraciones vespertinas, arrastrando mi cuerpo por las calles sin necesidad ni ganas de llegar a ninguna parte. Era una tarde más, en una vida que me produce resaca como un mal alcohol. Miraba sin verlo algún escaparate, el brazo alargado por el peso de mi cartera, cuando se me acercó la mujer.
- “Hola, ¿quieres ser feliz?”, me preguntó.
Sus palabras tardaron en hacerse camino hasta mi cerebro, no eran más que otro de los múltiples reflejos que veía en la vitrina, otra más de las ilusiones de movimiento que llegaban a mis sentidos sin que los haya llamado, ni supiera darles un significado.
Mientras dejaba los sonidos de su voz penetrar mi mente lánguida, la miré. Era joven y atractiva; los rasgos de su cara indicaban una procedencia eslava o cíngara. Su mirada tenía una sorprendente profundidad, como una puerta abierta hacia el infinito. Me entró algo de aprensión así que encontré más seguro bajar los ojos. Vestía sandalias de tela, un pantalón vaquero, y una camiseta cortita que no llegaba a taparle el ombligo, y cuya blancura resaltaba su tez morena.
Al alzar de nuevo la vista, volví a hundirme en sus ojos y me pregunté como podían ser tan negros y a la vez proyectar tanta luz. ¿Quién era? No parecía una chica en busca de aventura, o de arreglos económicos. Creo que me quedé tontamente plantado, esperando que los engranajes de mi cerebro se pusieran en marcha y me dieran alguna respuesta.
- “¿Quieres ser feliz?”, repitió.
- “No necesito ser feliz” - mentí. - “O ¿es que quieres hacerme feliz tú?” contesté provocativamente.
Noté en su mirada como la puerta hacia las estrellas se entornaba, y que la luz que me había turbado parpadeaba. Pero su sonrisa se suavizó y siguió hablando. Ocurrió entonces algo asombroso: empezó a contarme mi propia vida. Me describió mis dudas, mis angustias, mis carencias y mis decepciones. Sabía de mis anhelos, de mis llantos por tantas ocasiones perdidas, por estos muchos caminos que había abandonado a la primera curva, siguiendo atolondrado el autopista hacia ninguna parte.
Esta mujer sabía todo de mi, sabía mi dolor por envejecer y comprender que ya he desgastado mi cupo de oportunidades; mi sufrimiento cuando, creyendo repescar a mi alma de entre los cubos de basura en los que nos ahogamos, descubro que hemos construido un muro de incomunicación que nos aísla de las personas a las que quisiéramos amar, robándonos la esperanza de dar y compartir. Siento dolor al ver que mi cuerpo y mi mente se han disgregado y viven en planos diferentes, miedo a dejar de gustar, pero ¿pude jamás? Tengo la confusa sensación de encontrarme tras un cristal sin estaño, tendiendo una mano que nadie puede ver, y nadie puede coger.
Y me habló de tí. Leyó, en lo más profundo de mí ser, la tortura de la ausencia, de no tener a quien amar, a quien supiera aceptar mis besos y oír mis palabras de amor. Me duele tanto haberte perdido, o será de no haberte encontrado aun. No se si comprendió. ¿Quien puede comprender el hambre de amar?
Un día el sexo mató al amor, el orgasmo mató al sexo, y morimos nosotros. Se acabaron los diálogos de ángeles que mantenían nuestras pieles, sin otra preocupación que sentir, dar, amar, sensibles al menor matiz de la sinfonía, respirando cada flor del jardín, inmersos en las nieves eternas que resplandecen en la cumbre de los picos, o en los corales purpúreos de un caliente océano. Ahí nos sorprendía el placer, desprevenidos y algo asustados por la violencia del milagro, dejándonos exhaustos y saciados, acunados entre las nubes.
Luego el orgasmo se convirtió en el fin, la justificación de todos nuestros encuentros, la medición matemática del seudo amor, el trofeo rutinario a recoger al final de cada carrera, y la hazaña asesinó a la poesía. Ah, ¡volver a conocer el amor!
¿Cómo podría saber, esta mujer desconocida, que sin descanso sueño contigo, que te hablo en mis escasos momentos de esperanza, que te cuento mis ilusiones, y que escuchas los gorgoteos de mi cabeza sin censurarme ni criticarme jamás. Que también lloro por ti, que escucho tus amarguras, tu tristeza a veces, tu mano en la mía, antes de carcajearnos de felicidad cuando echamos fuera las tormentas.
¿Cómo podría saber que te mezo entre mis brazos, con mis ojos cerrados porque vemos demasiado y esto ciega el corazón? Sólo quiero sentir tu piel, quiero verte con la huella de mis dedos, con el roce de mis labios. Sabes que te deseo, pero que ambiciono algo mucho más grande que aquello que puede conseguirse tan fácilmente y deja la boca agria como al morder un melocotón amargo. Tú llenas mi alma de bondades y curas los moratones de mi corazón porque confías en mí, comprendes que traicionarte sería condenarme a mi mismo, cerrarme definitivamente la puerta de la redención.
Quiero hablarte, decirte cómo me siento, revocar las máscaras, perder el miedo a ser juzgado. Y escucharte, sentir que no estoy solo en el universo, que no soy un bicho raro extraviado en un planeta desalmado, que alguien piensa como yo, siente como yo, se calienta en los mismos fuegos, se alumbra con las mismas estrellas, bebe en las mismas fuentes y alimenta los mismos sueños. Quiero contarte como soy por dentro y oír como eres tú. Quiero prender a puñados en mi corazón todo el cariño y la ternura que, por no donarlos, se están resecando, y me están resecando a mí. El cariño que no damos es el verdadero colesterol que emboza nuestras arterias.
Quiero andar sobre las brasas, volar por encima de la mediocridad que nos hemos forjado, nadar desnudos a la luz de la luna, decir bobadas, gritar palabras malsonantes, y reír como niños de nuestra inocencia, ah, ¡reír!, sin rima ni razón. Y llorar. Mezclar mis lágrimas con las tuyas, no por desespero, sino para limpiarnos de toda la suciedad que acumulamos por dentro, recoger las tuyas con la punta de mi lengua y disfrutar con su sal, porque sabe a vida.
Hace mucho que ando perdido, sin encontrar el norte. No me resigno a pensar que somos hojas llevadas por el viento. De algún árbol debemos proceder, alguna clase de semilla debemos de ser. No me resigno a vivir en mundos paralelos sin que nuestros caminos se crucen. No me resigno a seguir perdiendo la oportunidad de compartir mi alma porque vivo en una armadura oxidada; quiero llenar mi paladar de vida antes de morir. Quiero saber si existes, tú, compañera de mis dolores y de mis esperanzas.
La mujer ha dejado de hablar. ¿O hablaba yo? ¿O bien, nadie hablaba? No lo se bien, todo es tan confuso, siento vértigo.
Las visiones me han golpeado como la ola de un huracán. Sus aguas han barrido la inmundicia de la arena y han depositado un nuevo mundo de vida, dispuesto a fertilizarla; han removido la manta de polución que me recubría pero, como las olas, se han retirado, abandonándome otra vez.
Ahora se que el infierno, es cuando muere la esperanza. Es abrir una ventana, dejarte ver las estrellas, oír a los ángeles, y luego cerrarla antes de que puedas traspasarla. El infierno es ahogar tu humanidad, es el pudor que impide decir te quiero y quiero compartir un fragmento de eternidad contigo.
La joven acercó su mano a mi cuello, como para una caricia. Entre sus dedos tenía una flor que introdujo en el ojal de mi chaqueta.
- “Ya sabes lo que tienes que hacer”, me dijo, “la flor te ayudará a derrumbar el muro, la felicidad está detrás”.
Con la yema de sus dedos, me cerró los párpados y noté un calor irradiando en mí. Cuando retiró la mano, abrí los ojos pero no vi a la joven. Me encontraba mirando un cartel que, detrás del cristal de un video club, anunciaba una película de dibujos animados: El Hada y el Príncipe solitario. El hada llevaba vaqueros y una camiseta blanca que dejaba al descubierto el ombligo. Lo que me faltaba, pensé, empiezo a tener alucinaciones, estoy peor aun de lo que imaginaba. Tendré que dejar de beber. O bien beber el doble.
Dejé de focalizar el cartel y mi vista se ajustó un instante al cristal. Vi entonces en él mi propio reflejo, y la imagen me produjo un sobresalto. Bajé la mirada a la solapa de mi chaqueta, y lo comprobé: llevaba una pequeña flor silvestre en el ojal.
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MICHEL-HENRIC COLL
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lundi 20 juillet 2009
¿COMO PUEDEN COMPRAR EL CIELO,LA TIERRA ?
Nos parece una idea extraña. Si nosotros no somos los dueños de la frescura del aire, ni de los reflejos del agua. ¿Cómo podrían comprárnosla?
Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo.
Cada brillante aguja de un abeto, cada playa de arena, cada retazo de neblina en el oscuro bosque, cada claro de él, y cada zumbido de insecto es sagrado en la memoria y la experiencia de mi pueblo.
La savia que circula en los árboles lleva los recuerdos del Piel roja.
Los muertos de los hombres blancos olvidan la tierra en que nacieron cuando parten a vagar entre las estrellas. Nuestros muertos nunca olvidan esta tierra maravillosa, pues es la madre del Piel roja. Somos una parte de la tierra, y ella es una parte de nosotros. Las flores fragantes son nuestras hermanas, el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Las cimas rocosas, las suaves praderas, el calor del mustang, y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.
Por eso cuando el gran Jefe de Washington, manda decir que quiere comprar nuestra tierra está pidiendo demasiado. El gran Jefe manda decir que reservará un lugar donde podríamos vivir cómodamente. El será nuestro padre, y nosotros seríamos sus hijos. Consideraremos su oferta de comprar nuestra tierra. Pero no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros.
El agua cristalina que brilla en arroyos y ríos, no es sólo agua sino sangre de nuestros antepasados. Si vendemos nuestra tierra, deben saber que es sagrada, y que cada pasajero reflejo en la claras aguas habla de los hechos y los recuerdos de la vida de mi pueblo. Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Los ríos llevan las canoas y alimentan nuestros hijos. Si vendemos nuestra tierra tienen que recordar, y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y los vuestros, y tendrán desde ahora que mostrar por ellos el cariño que mostrarían por un hermano. Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de pensar. Para él una parcela de tierra es igual a otra, pues es un extranjero que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemigo, y cuando la ha conquistado, continúa aún más lejos. Abandona la tumba de sus antepasados y no le preocupa. Roba la tierra a sus hijos, y no le importa. La tumba de sus ancestros y el patrimonio de sus hijos caen en el olvido. Trata a su madre, la tierra, a su hermano, y al cielo, como cosas que se compran, roban, venden, como ovejas o perlas brillantes. Hambriento, se tragará la tierra, y no dejará sino un desierto.
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CHEF SEATTLE
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vendredi 27 février 2009
ROSTRO DE MUJER
Vivo en el rostro de una mujer
que habita en una ola
a la que la marea empuja hacia una playa
cuyo puerto se pierde en sus conchas.
Vivo en el rostro de una mujer
que me hace morir, que quiere ser
faro apagado
en mi sangre que navega
a los confines del delirio.
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ADONIS
De "El teatro y los espejos" 1988
Versión de María Luisa Prieto
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LAS ESTRELLAS
Camino,
y en pos mío caminan las estrellas.
Camino a su mañana.
Y el secreto,
la muerte,
lo que nace
y el oscuro cansancio
asesinan mis pasos
y reavivan mi sangre.
Yo soy aquél
cuyo camino aún no ha comenzado;
el que no tiene estrella.
Camino hacia mí mismo,
al mañana que llega.
Camino,
y en pos mío caminan las estrellas.
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ADONIS
De "Canciones de Mihyar el de Damasco" 1961
Versión de Pedro Martínez Montávez
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mardi 30 décembre 2008
OH MAR
¡Oh, mar!
No digas marejada o chapoteo
Porque la blancura
Sobre la boca de una perla
Dirá lo que tú no dices.
¡Oh, mar!
Sobre el sepulcro del sol que muere!
Porque las nubes ya lloraron
Cuando el sol aún era puro espectro.
¡Oh, mar!
No presumas del cielo
Que en tus manos está
Porque las montañas ya tienen
En sus manos los troncos
Y no las sombras.
¡Oh, mar!
No te asombres
Si ves a alguien dispersar
Por los barrancos del viento
La arena que te hice para coronar
Tu cabeza real
Porque las estrellas,
Que no iluminan sus propios dedos,
Son falsas perlas.
¡Oh, mar!
Agítate si quieres o cálmate
Porque los buitres seguirán adormecidos
Como hormigas
Sobre tu cadáver
¡Oh, mar!
Tus olas gitanas me enseñaron
El canto de los tiburones
Y el baile de los delfines.
Mas mi memoria se hundió
En el lamento de las gaviotas
Del rio y de las margaritas.
¡Oh, mar!
Eres solo una lágrima
Sobre la cara de un ciervo fugitivo
Que pregunta a los transeúntes
Por la hierba,
Por cualquier manantial,
Para beber en su taberna
Una copa o más;
Un ciervo fugitivo
Que pregunta por cualquier sombra
Donde acariciar sus patas
Y dormirse.
¡Oh, mar!
Dame tu mano derecha
Para que transitemos
El redondo planeta
Hacia cualquier mar
Y no demos la vuelta algún día
Hacia la forma de una manzana,
O de un riachuelo.
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ABDELKRIM TABBAL
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lundi 8 septembre 2008
NACER
Cuanto más considero mi pasado
Tanto más me veo entreabierto
Terror de existir sin cimientos
Oh madre mía tierra dónde estás
Amé tanto amé tan poco
Que todavía hoy ignoro
Qué sentido darle al verbo dar
Oh madre mía tierra dónde estás
Perdonadme he recibido demasiado
Sin que jamás me diese cuenta
Me reconozco culpable de esa falta
Oh madre mía tierra dónde estás
Tú la única que me habrás faltado
Yo que jamás fui tu hijo
Ahora ya viejo te invoco
Oh madre mía tierra dónde estás
Las heces del no-amor sin fondo
A los labios me suben y a los ojos
Es su náusea lo que en todo busco
Oh madre mía tierra dónde estás
Quién me devolverá ese gusto perdido
Sin haberlo poseído nunca
De haber amado lo que amé
Oh madre mía tierra dónde estás
Esta muerte que siento cómo en mí
Me tiende un seno ennegrecido
Y que en el fondo del pozo me acuna
Oh dime madre mía tierra si eres tú
Amar es nacer de mi muerte
Alguien con mi propia voz
Me arrancará con gran esfuerzo
Oh tierra oh madre que me matas
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PIERRE EMMANUEL
Versión de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán
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José Benitez Sanchez
jeudi 28 août 2008
CELEBRACION DE ELLA
Mi mirada se pierde en las regiones del cuerpo.
El mayor océano
es el cuerpo de una mujer enamorada.
No entrarás en la noche del cuerpo
a menos que te entregues al sol de la locura.
Sueña, sueña,
dice la rosa marchita.
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ADONIS
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MAHMOUD DARWICH EN ESPAGNOL
Con una de copa de licor engarzada de lapislázuli,
espérala.
En el estanque de agua
rodeado de la tarde y la fragancia de las flores,
espérala.
Con la paciencia del caballo
dispuesto a los declives de la montaña,
espérala.
Con el tacto delicado del alto príncipe,
espérala.
Con siete cojines rellenos de leves nubes,
espérala.
Con el fuego femenino del incienso,
llenando los lugares,
espérala.
Con el olor del sándalo,
de hombre a lomos de un caballo,
espérala sin prisa.
Aunque llegue después de la cita, espérala.
Aunque llegue antes,
espérala sin espantar a los pájaros de sus trenzas.
Espérala.
Para que ella se siente en calma como si el jardín
estuviera en el auge de sus atavíos.
Espérala.
Para que sople en su corazón ese aire extraño.
Espérala para que, como pasan las nubes,
levante de sus muslos el vestido.
Espérala y llévala a un balcón para mirar la luna que se ahoga en leche.
Espérala y sírvele el agua antes que el vino
sin mirar las perdices armoniosas en su pecho.
Espérala y toca despacio sus manos
cuando sobre el mármol ponga la copa,
como si le trajeras la humedad.
Espérala y háblale como si una flauta le hablara a la cuerda temerosa del violín,
como si fuerais testigos de lo que el mañana
os prepara.
Espérala y pule como un anillo su noche.
Espérala hasta que la noche te diga
que sólo quedáis vosotros dos en la vida.
Y llévala, con cariño, hasta tu deseada muerte. ¡Espérala...!.
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MAHMOUD DARWICH
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mercredi 23 juillet 2008
AMIGA
Amiga
no seas
así de salvaje.
Amiga
no seas
como aquel
aguila
herrido
ya perdido
por el terciopelo del cielo.
Niña
tranquilizate
relajate,
es un hecho
tus ojos de seda
sede negro
de tu blanca
alma
hija de las albas
entraron
en echo
con
la mía.
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PIERRE CLAVILIER
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