El viaje acaba aquí. Al bajar de la barca,
sabía a ciegas cómo es ante mí el Mal Tiempo,
siempre escalado por cabras y matas
de hinojo, espliego y lechetrezna
que apenas mueven las frágiles manos
del aura quieta desvelada en lo alto.
Estrictas lindes de una vieja tierra:
séquito de cipreses tras el carro del sol
que se va retumbando por largos y secos ramblizos
y, al tramontar, hacía de la pequeña sierra
claror y lejanía del confín de poniente.
He donado mi vida por el difícil logro
de unas pocas palabras despojadas.
Mi vida he visto como un muro
en el silencio de la tarde y de su paso.

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SALVADOR ESPRIU

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REDON7

Obra Odilon Redon